lunes, 14 de septiembre de 2020
Cuento de Bucay....Elefante encadenado.
2 d ·
Cuento “El elefante encadenado” de Jorge Bucay
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Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales.
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Me llamaba especialmente la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de su peso, tamaño y fuerza descomunal… después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.
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Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.
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El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye?
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Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapa porque estaba amaestrado.
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Hice entonces la pregunta obvia: – Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan?
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No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.
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Con el tiempo, me olvidé del misterio del elefante y la estaca… y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.
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Hace algunos años, descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta:
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El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.
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Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento, el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y, a pesar de todo su esfuerzo, no lo consiguió porque aquella estaca era ciertamente demasiado fuerte para él.
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Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro, y al que le seguía…
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Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.
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Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque cree, pobre, que NO PUEDE.
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Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro.
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Jamás… jamás… intentó volver a poner a prueba su fuerza…
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Todos somos un poco como el elefante del circo: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad.
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Vivimos pensando que «no podemos» hacer montones de cosas, simplemente porque una vez, hace tiempo, cuando éramos pequeños, lo intentamos y no lo conseguimos. Hicimos entonces lo mismo que el elefante, y grabamos en nuestra memoria este mensaje: No puedo, no puedo y nunca podré.
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Hemos crecido llevando ese mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y por eso nunca más volvimos a intentar liberarnos de la estaca.
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Cuando, a veces, sentimos los grilletes y hacemos sonar las cadenas, miramos de reojo la estaca y pensamos “No puedo y nunca podré”.
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Esto es lo que te pasa, vives condicionado por el recuerdo de una persona que ya no existe en tí, que no pudo.
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¡Tu única manera de saber si puedes es intentarlo de nuevo poniendo en ello todo tu corazón!
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Vivimos pensando que «no podemos» hacer montones de cosas, simplemente porque una vez, hace tiempo, cuando éramos pequeños, lo intentamos y no lo conseguimos.
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¿Te das cuenta del daño qué te estás haciendo? ¿Y si trabajases estas creencias limitantes para que no condicionen tu vida? ¿Y si encontrases creencias potenciadoras que si te acercasen a tus objetivos y qué harían tu vida mucho más feliz?
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¡Deja de quedarte en ese rincón en donde la vida no avanza!
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